Me acabo de despertar. Todavía me cuesta abrir los ojos y mis manos parecen un poco más torpes de lo normal. No he desayunado y no tengo nada claro lo que voy a escribir. Pero sí tengo claro lo que quiero. Y ese algo es tener sentimientos. Tengo ganas de tener esa sensación de que tu cuerpo está fuera de control y no sabes cómo manejarlo, de sentir algo en la piel que no sea frío y algo en la barriga que no sea hambre.
Que sí, que sé de sobra que es una putada sentir algo por alguien de manera incontrolable, sin sentido, sin explicación alguna, pero eso es lo que quiero. Quiero sentirme vulnerable ante alguien y que esa alguien me enseñe que no debo sentirme vulnerable ante ella. Pero, joder, no me quiero poner romántico otra vez. Creía que ya me estaba rehabilitando de eso pasando los findes en el bar con los colegas. Supongo que podemos cambiar nuestra forma de actuar, pero no podemos cambiar quienes somos.
En fin, que quiero volver a ilusionarme. Y es curioso porque lo pienso y una ilusión no es más que una mentira. Pero una bonita mentira. Ese momento en el que crees que puede que pase algo, que si te la juegas puede que se acabe el juego y ganes la partida...
Aunque también me ha pasado alguna vez que lo que creía que era un oasis en el desierto resultó ser solo un espejismo, pero tengo una corazonada. Algo se aproxima en mi dirección y estaré atento para verlo.
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