No sé. Ya no siento lo que sentía antes. No tengo ilusiones. No me acuesto en la cama sonriendo como un niño pequeño imaginándome con ella. No deseo arrancarle la ropa como antes. Y es que ella no me motiva a querer más. Cuanto más me da más quiero y viceversa. Y ella no me da casi nada. Y siento que necesito mucho más, que merezco mucho más. Y no sé cuánto va a durar esto. Quizás haya llegado el momento de poner un punto y a parte. O un punto y final. No sé. Quiero ocultarme la verdad, pero no puedo. Ella no es la mujer de mi vida, ni la mujer de mis sueños. Ella no es todo lo que he soñado y yo tampoco soy todo lo que ella quiere. No somos perfectos cuando estamos juntos. De hecho, creo que con ella soy una de mis peores versiones. Cuando estoy con ella hay veces que estoy muy bien y otras que ni me reconozco. Y, sin embargo, hay con otras que me siento vivo, pero vivo de verdad... Quizás ya llevamos mucho tiempo equivocándonos y lo peor es que no sé cuánto tiempo más vamos a seguir equivocándonos.
Y es que aquí estoy, en la madrugada de un domingo-lunes en el que podría estar con una mujer, protegiéndola del frío con mi calor, arropado yo con el suave roce de su cuerpo desnudo sobre el mío. Y no. Aquí estoy, frente a un ordenador que no me dice lo que necesito oír. Pero no importa. Ya llegará. Y lo curioso es que hará una semana o así me crucé con una chica que... No sé. Quizás sea lo que estoy buscando. Ella me estaba buscando, pero... Da igual. Si sucede os lo contaré. Supongo.
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